Por Ana Martínez-Reina, bibliotecaria (martinezraha
yahoo.es)
El Salón internacional del cómic de Barcelona del 2007, cuya vigésimo quinta edición se celebró del 19 al 22 de abril, acogió la mesa redonda “Bibliotecas públicas y cómic: estado de la cuestión”, aglutinando entre los ponentes a profesionales del mundo bibliotecario de diferentes ciudades españolas, de Lisboa y México, y de otros ámbitos profesionales relacionados entre el público asistente.
Al hilo de aquel encuentro quisiera aportar este documento informal, que recoge unas breves reflexiones personales a partir de lo que allí se expuso y de algunas de las tendencias observables en el consumo del producto cómic dentro, especialmente, pero también fuera de las bibliotecas; trazando, además, algunas posibles líneas de trabajo en el escenario de las bibliotecas públicas dirigidas a proyectar acciones que permitan aglutinar agentes diferentes, tanto sectoriales como territoriales, con el objetivo de ganar nuevos y más lectores, y de cómics.
El texto se articula en 4 apartados:
que representan cuatro etapas del tratamiento técnico bibliotecario al que están sujetos los materiales que llegan a las bibliotecas:
1. Diversificación de las vías de entrada del material cómic a las bibliotecas
Aparte de las vías tradicionales como la compra, centralizada y/o directa, el DL (Depósito Legal) en determinadas bibliotecas (aspecto a tratar más específicamente), subvenciones por parte del Ministerio de Cultura a partir de listas más o menos cerradas y de otros organismos oficiales de ámbito territorial provincial y/o autonómico, llegan a las bibliotecas, cada vez con más frecuencia, fondos de cómic de particulares aficionados y coleccionistas, entidades u organismos, en mayor o menor cantidad y en régimen de préstamo temporal, donativo, cesión, legado, o compra según los casos. Esto supone para el personal bibliotecario tener que afrontar una variedad de tipología documental, tratamiento catalográfico y de indización, físico, de ubicación espacial y de colocación en contenedores, a menudo de no fácil solución, y sobre todo no estandarizada. Señalar que dentro de esta variedad de tipología documental se encuentran documentos originales del autor: planchas, bocetos, manuscritos, borradores; también carteles, postales, merchandising, documentos personales de archivo, ediciones de la obra en otros idiomas, etc. Hay que plantearse qué material es de libre acceso y qué no, y qué se puede prestar, surgiendo entonces la necesidad de establecer la política de colección del centro de manera que evolucione en paralelo a las necesidades del usuario y de la biblioteca, a la vez que el manual de procedimiento, que recoja las diferentes tareas y procesos, y su realización.
Sería conveniente que las bibliotecas con las colecciones documentales más valiosas se plantearan la digitalización de determinados fondos con el objetivo de preservar el documento original y facilitar su accesibilidad; de igual modo que comunicar al exterior los fondos documentales que integran la colección, tipología documental, cobertura, número de volúmenes, condiciones de préstamo y consulta, etc. a través de sus propios canales de comunicación (web, blog, revista, guías...) pero también a través de otros canales más sectoriales, especializados, tanto del mundo bibliotecario como del cómic.
2. Defensa de la especificidad del cómic, medio y producto, al integrarlo a la colección documental
En la sección de referencia de las bibliotecas tiene que haber una representación de obras teóricas sobre este medio de comunicación: historia, crítica, directorios, anuarios, guías, bibliografías, datos económicos del sector, estadísticas, etc. sin olvidar la importancia que actualmente tienen los recursos de información en entorno digital. Tarde o temprano acabarán por llegar al servicio de información consultas de todo tipo sobre el medio por parte de usuarios curiosos, aficionados, estudiantes, estudiosos, investigadores...
Las colecciones documentales de imaginación, en contraposición a las de conocimientos, para adultos, jóvenes y niños han de albergar una selección de cómics representativa de épocas, escuelas, origen, estilos, géneros, etc. que demuestre disposición a romper barreras a la hora de “clasificar” una lectura de infantil/juvenil/adulta/apta o no apta.
El área de revistas ha de mostrar la pluralidad del mercado actual, sin olvidar contemplar aspectos como idoneidad de los contenidos, calidad, público, etc.
Apertura a la edición de cómics y sobre cómics en otros idiomas, dado que en el mercado editorial de nuestro país prácticamente ha desaparecido la edición en papel de revistas teóricas y de información sobre el medio, podría surgir la necesidad o conveniencia de adquirir, seleccionar, citar, indizar productos de este tipo en otras lenguas.
Valoración del cómic como medio de expresión con un lenguaje propio, apto, válido y conveniente para la transmisión de conocimientos. El personal bibliotecario ha de ser capaz de creerse y transmitir este potencial con convencimiento. Puede surgir la necesidad de programar cursos de formación para el personal bibliotecario, desde la propia institución, colegios profesionales, etc. o aprovechar la oferta formativa de otras entidades o instituciones.
Seleccionar material idóneo para diferentes necesidades: aprendizaje de idiomas, divulgación de temas, aproximación a la historia, personas con dificultad en el aprendizaje, dinamización de la lectura...
Los clubes de lectura de cómic, segmentados, pueden funcionar como el resto de clubes, dinamizándolos además con la creación de un blog por parte de los lectores, conductor y personal bibliotecario, o con la participación del grupo en un programa de radio.
Producir guías temáticas sobre el medio, a la vez que incluir el cómic con normalidad en otras guías más generales y transversales, en centros de interés, muestras de material, mesas de intercambio...
Sin olvidar la relación del cómic con el cine, la literatura y la música, a la hora de sugerir itinerarios creativos que convergen.
Las actividades de dinamización de la lectura y de promoción del medio desde la biblioteca ofrecen una excelente vía de acercamiento, conocimiento y colaboración con el mundo profesional del cómic en sus diferentes vertientes, y una excelente ocasión de recuperar algún autor local histórico o descubrir alguno en activo.
A la hora de diseñar una actividad, los conocimientos y la experiencia de cada uno de los profesionales, del cómic y de las bibliotecas, son imprescindibles, digamos que unos conocen el contenido y otros el continente.
Preguntar a los lectores aficionados su opinión acerca de la colección, las novedades, la disposición espacial y ubicación de los documentos, las actividades, etc. animarles a que participen, a que colaboren con la biblioteca, y establecer conjuntamente los canales para ello.
No hay que olvidar que en el proceso de creación y realización de un cómic, además de las figuras del dibujante y del guionista, también intervienen el colorista, el rotulista, el traductor... ¡hay todo un sector económico-cultural detrás de un cómic!
3. Educación, asesoramiento, formación, promoción... CONFLUENCIAS o la biblioteca pública como plataforma de recursos
En el apartado de la colaboración entre la biblioteca pública y la escuela/instituto, aparece el aspecto de la educación en este medio de comunicación. El cómic es distracción, divertimento, gusto por la lectura, pero también un recurso rico en posibilidades que explotar en el aula: trabajo en grupo, utilización de la informática, documentación, dibujo, guión, traducción, etc.
La biblioteca puede hacer descubrir a maestros y profesores esta aplicación del cómic como herramienta formativa/educadora, suministrándoles también bibliografías, novedades, recomendaciones, selecciones, en fin, asesoramiento. Dinamizar el gusto por el dibujo y la narración, la comunicación en definitiva, a partir de la edición de un periódico/revista escolar con diferentes secciones, acompañadas de tiras de cómic, humor gráfico, caricaturas, ilustraciones, historias de continuará o autoconclusivas; o con un fanzine, dirigido a un público más adolescente.
Ofrecer desde la biblioteca un espacio para la creación, abriéndose a la expresión artística de jóvenes, especialmente, pero también de profesionales, potenciando la exhibición de obras, encuentros, charlas, talleres, etc., crear un punto de convergencia entre el mundo profesional, académico y del aficionado, pensar desde la biblioteca en la creación de un archivo gráfico digital y en vídeo, a nivel local, que registre determinados acontecimientos con personalidades del medio, recopilando también información sobre formación, becas, concursos, premios, etc.
Conexión con el mundo editorial, de la distribución y la venta especializadas, otro eslabón no menos importante de la cadena documental, de cara a la promoción de autores y su obra, a estar al día de las novedades, material descatalogado, saldos... a la asistencia a ferias y salones comerciales y de promoción del medio. Estos acontecimientos son una buena ocasión para que la biblioteca se dé a conocer entre los diferentes agentes del sector de cara a futuras colaboraciones, y también para controlar determinados tipos de publicaciones, raras y costosas de conseguir fuera de su tiempo y lugar.
4. Hacia la formación de una red estatal de bibliotecas con fondos de cómic
Superada ya la fase de “cómics si, cómics no” en las bibliotecas, ha llegado la hora de promover la colaboración y coordinación entre bibliotecas, a nivel autonómico y estatal, de cara a crear grupos de trabajo en torno a innumerables cuestiones técnicas por resolver del tratamiento documental del material cómic, de impulsar estudios sobre la edición y el consumo del cómic en España y sus
autonomías, de cooperar en la producción de exposiciones itinerantes creando un banco público con estos materiales, de intercambiar fondos duplicados, exposiciones ya realizadas... de organizar jornadas de trabajo periódicamente, de impulsar intercambios profesionales con centros especializados de otros países, etc. en fin, de crear plataformas organizadas de recursos de información sobre el sector cultural del cómic.
Este camino que ya se ha empezado a andar, aunque lentamente, lleva a las bibliotecas y sus profesionales a desempeñar un papel activo en la toma de conciencia colectiva acerca de una parte de nuestro patrimonio cultural, artístico y bibliográfico.